Poner escuela en tiempos de pandemia

El viernes, 13 de marzo de 2020, aquella sala de un edificio oficial, tenía toda la apariencia  de un gabinete de crisis: ordenadores y tables echaban humo, se revisaban listados de nombres y claves para organizar los grupos, se guardaban documentos que había que llevarse para trabajar con ellos en un lugar seguro… Las personas al frente de la dirección y desde el teléfono y el correo electrónico, consultaban dudas, comunicaban datos… Salir por la puerta principal no tenía el tono de otros días: nos llamamos, ten cuidado, a ver como evoluciona esto… Parecía una evacuación. Los contagios de la Covid19 tenían nivel de pandemia y los centros de enseñanza estaban vacíos de chicos y chicas. Tras un amago poco afortunado por parte de la Consejería de Educación, para que el profesorado y el resto de la plantilla de trabajadores, volvieran el lunes a los centros, estos se cerraron y entramos en fase de confinamiento.

Estamos en la última semana de mayo y conviene echar la vista atrás en este recorrido de dos meses y medio que nos ha parecido toda una vida.

¿Qué conclusiones podemos sacar del análisis de como ha funcionado el sistema educativo en este tiempo? Alguien podría decir, no estábamos preparados para una crisis de esta envergadura, pero salimos adelante.

Sin embargo, no es tan sencillo. Reconozco, todos debemos reconocer, la extraordinaria herramienta que supone el uso de las TIC para la enseñanza; reconozco, todos debemos reconocer que hemos adquirido una experiencia de educación no presencial que es fundamental aprovechar para la actividad docente en el aula y para su aplicación en circunstancias similares a esta o por necesidad de impartir educación a distancia en casos concretos… Entonces, ¿por qué no me siento satisfecha?

No me siento satisfecha, porque el profesorado de esta Comunidad ha estado formándose en estos temas, de forma libre; es decir y, salvo contadas excepciones, fuera del centro, a costa de su dinero y de su tiempo libre, cuando debería haber sido la propia Administración quien allanara el camino.

No me siento satisfecha, porque cuando necesitamos utilizar los equipos para nuestra tarea docente, nos encontramos en los centros con un número insuficiente de ordenadores, a veces obsoletos, que no funcionan o se cuelgan, y dependiendo su mantenimiento, en muchos casos, de un compañero o compañera que con mejor voluntad que medios, va saliendo adelante y echando una mano. En cuanto a la mal llamada aula de informática, suele estar altamente demandada y su espacio, por lo general, no permite un equipo por persona y así es casi imposible que el alumnado aprenda a manejarse con soltura en las TIC.

No me siento satisfecha porque ese alumnado que ha mamado según dicen de las TIC, no es que no reciba la adecuada formación, sino que esa formación, con fortuna dos horas semanales, es la única, porque muchos chicos y chicas no tienen en su casa para trabajar no ya una conexión adecuada a Internet, sino un simple ordenador.

No me siento satisfecha porque la responsabilidad que recae en la Administración educativa, no ha cumplido las expectativas que yo esperaba de ella.  La señora Consejera podría haber hecho un discurso emulando a Winston Churchill, diciendo que sólo podía  pedirnos “esfuerzo, lágrimas y sudor”, y luego, ponerse junto a su equipo para superar todos unidos la situación. Porque esfuerzo, lágrimas y sudor es lo que hemos aportado el profesorado asturiano, pero la mayor parte del tiempo hemos estado solos, recibiendo   órdenes, que es lógico que se dieran, pero muchas veces, tardías, confusas y del tipo “cumplan lo que se les indica y arréglense como puedan”. La encuesta que se nos ha pasado en un momento determinado para supuestamente conocer esas dificultades no deja de ser -una vez más- el cómputo de datos estadísticos que se unirán a algún informe de resultados y donde el profesorado ha tenido muy poco margen para hacer oír su voz.

No me siento satisfecha de que la Administración educativa se sintiera más preocupada de que el profesorado no se saliera ni un milímetro de la ley y se aplicaran los criterios de Evaluación y promoción, como si estuviéramos en una aséptica sala de control y no peleando a brazo partido con múltiples problemas de conexión, situaciones personales de algunos alumnos muy complicadas y, nuestras propias circunstancias familiares.

De lo que sí estoy satisfecha, es de mis compañeros y compañeras que en estos dos meses y medio y lo que quede hasta finalizar el curso, han trabajado desde su casa, poniendo al servicio de la Administración sus propias herramientas de comunicación y sus conexiones y llegando a límites más allá del deber profesional: a través de teléfono, correos electrónicos, Plataforma y otros medios virtuales, enviando y corrigiendo tareas, impartiendo clases en línea, solucionando dudas… Y cuando ello no era posible, aceptando cualquier tipo de soporte, desde fotos de las hojas de libreta recibidas por wasap o enviando en papel las tareas (en coordinación con la dirección del centro) por correo certificado… Y todo ello, duplicando, incluso triplicando el trabajo al tener que atender a cada alumno de forma individual y procurando que nadie, especialmente quienes tenían más necesidades, quedara atrás.

En las reuniones en línea que hemos tenido de Departamentos, de  equipos docentes, de grupos de trabajo, los  compañeros y compañeras de mi centro (el Santa Cristina de Lena), hemos compartido problemas y soluciones y la dirección ha solventado además cuestiones logísticas de todo tipo: comunicación con familias con las que era complejo hacerlo, organizar la entrega de portátiles, conexiones y tarjetas de datos, coordinar informes que recibían por parte de los profesores… Lamento no haber hecho fotos de sus caras, porque en ellas se veía sudor  y esfuerzo; las lágrimas, las dejaremos para el ámbito privado.

En este momento, seguimos sin tener claro cuándo y cómo volveremos a nuestros centros de trabajo y, sobre todo, dependiendo de cómo evolucione la pandemia, que panorama se nos presenta en septiembre, con un altísimo porcentaje de profesorado interino, ratios de alumnado por aula sin definir y centros que en muchos casos no están preparados para poder disponer de medios y espacios seguros para profesorado, alumnado y personal de servicios.

No voy a entrar en el escabroso mundo de las redes, donde los profesores hemos sido sometidos a un linchamiento moral, acusándonos de vagos, acomodados y caraduras por “estar en casa cobrando el sueldo y sin hacer nada”, pero sigo esperando a que la señora Consejera y su equipo comparezcan con un único punto del día: la defensa de la labor del profesorado (tanto funcionarios como interinos) en esta crisis y el reconocimiento del mérito y capacidad que creo hemos demostrado con creces.

Quizás convendría recordar en este momento a Francisco Giner de los Ríos, cuando dijo que de todos los problemas que interesan a la regeneración político-social de nuestro pueblo, no conozco uno solo tan menospreciado como el de la educación nacional…    Porque no hay que olvidar, sigo citando a don Francisco, que la educación es escudo y defensa de la nación”.

 

 

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