MALINCHE/ DOÑA MARINA: UNA MUJER EN LA CONQUISTA DE MÉXICO

Hermosa como diosa

Camargo, Historia de Tlascala

Admira tan lúcida cabalgada

y espectáculo tal Doña Marina,

india noble al caudillo presentada,

de fortuna y belleza peregrina

………..

Con despejado espíritu y viveza

gira la vista en el concurso mudo;

rico manto de extrema sutileza

con chapas de oro autorizarla pudo,

prendido con bizarra gentileza

sobre los pechos en airoso nudo;

reina parece de la Indiana zona,

varonil y hermosísima Amazona.

Moratín, Las naves de Cortés destruidas

Introducción

Acercarse a la figura de Malinche, Marina tras su bautismo, la indígena americana de extraordinaria y atrayente personalidad que tan ligada estuvo al conquistador Hernán Cortes y a la propia empresa conquistadora, no está exenta de sorpresas y dificultades: entre las primeras, que las obras escritas por el propio Cortés, soslayan de manera evidente la figura de quien fue su amante y principal valedora; entre las segundas, que las referencias son escasas, perdidas las más de las veces en obras históricas de carácter general o mediatizadas en unos casos por la visión distorsionada de quienes las escribieron[1] y en otros, por la lejanía en el tiempo entre el historiador y la figura histórica. Por otra parte no conservamos ni una sola palabra directa de esta mujer: sus acciones y actitudes nos han llegado a través de quienes la conocieron, varones españoles del siglo XVI que por lógica tuvieron que contaminar con su visión de la mujer, la figura de Malinche / Marina; cuando sus pensamientos han asomado para nosotros, lo ha sido a través del filtro de obras de ficción… Su momento de gloria –ese que dicen que todos tenemos al menos una vez en la vida- estuvo al lado de Cortés, luego se retiró discretamente y desapareció tras una esquina de la historia.

En el año 1519, cuando Hernán Cortés y sus hombres, desembarcan en la península del Yucatán y comienzan su avance conquistador por el territorio de lo que más tarde se llamará México, van a encontrarse con una serie de pueblos que con un elemento común de carácter étnico, habían ido estableciéndose en distintos lugares. Mayas, zapotecas, mixtecas, tarascos, toltecas, chichimecas, totonacas…, estaban entonces bajo la férula de un grupo eminentemente guerrero, los aztecas. Los aztecas o mexicas[2], iniciaron el éxodo a partir del siglo XIV hacia las regiones centrales, atacando y conquistando tribus más pacíficas buscando el lugar donde debían encontrar según una profecía un águila posada en cactus devorando una serpiente; al fin, sobre dos islotes en una laguna pantanosa, se establecieron y fundaron Tenochtitlán, que significa cactus sobre la roca, ciudad que se convertiría en la capital de su Imperio: Imperio basado en el sometimiento por el terror y la guerra sobre otros pueblos más pacíficos o más débiles, vasallos suyos y enemigos soterrados[3]; Imperio por otra parte de notabilísima cultura: regido por una monarquía electiva[4] y una sociedad compleja[5] floreció en arquitectura, escultura, pintura, joyería, poesía, música, danza[6] y astronomía[7]. Pues bien, si este Imperio aún teniendo en cuenta la división interna que sufría[8], fue dominado y conquistado por el genio de Cortés y el uso de las armas de fuego por parte de los españoles, no debe olvidarse ni un momento que en muchos instantes, esa conquista o el simple hecho de llegar el mismo corazón del Imperio, estuvo en un tris de venirse abajo y que fue la intervención de Malinche o Marina, como se prefiera, la que logró que la empresa siguiese adelante. Ella, integrada en un grupo (étnico, social y sexual) o como persona, es la protagonista de esta historia.

Aproximación a la mujer indígena

En el momento de la llegada de los españoles al continente americano, las mujeres indígenas ocupaban dentro del colectivo social, una posición de la que podemos saber algo sobre todo en las sociedades urbanas como la azteca y la inca, gracias a las Crónicas, Códices ilustrados y otras fuentes para la historia de América. De Malinche se dice que …era verdaderamente gran cacica e hija de grandes caciques e señora de vasallos e bien se la parecía en su persona… Cabe suponer que las mujeres de los estamentos privilegiados, vivirían de acuerdo con su posición, sin los trabajos de las clases populares, pero a nivel general podemos establecer un breve esbozo:

-parte de su vida se desarrollaba en la casa donde preparaban los alimentos, mantenían el fuego y participaban en la educación de los hijos[9]

-ayudaban a los hombres en las tareas del campo, en las artesanales y mercantiles e hilaban y tejían

-participaban en los juegos, las ceremonias y las diversiones

-se casaban pronto y los matrimonios (para ambos cónyuges) eran convenidos por parientes. El adulterio estaba penado para ambos sexos y como falta gravísima se consideraba que los hombres tuviesen relaciones sexuales con ellas, estando embarazadas y durante la lactancia de los hijos. Estaba previsto el divorcio, que en el caso de la mujer, se admitía siempre que el marido hubiese abandonado el techo conyugal. Las clases populares eran monógamas, pero los dirigentes podían tener tantas esposas como pudieran mantener

-eran vendidas con facilidad como esclavas por intereses económicos o políticos, tomadas como botín de guerra y presa fácil para los sacrificios; si bien es verdad que tampoco los hombres escapaban a este destino. Y desde luego seguían el último acto de sus maridos: las de más alto linaje los acompañaban a la tumba en vida ya que entierran una o dos de sus mujeres, de las que más querían; estas eran tenidas comúnmente por muy dichosas y honradas[10]

A partir de la llegada de los españoles, algunas cosas comenzarán a cambiar, unas veces en positivo y otras en negativo. Ellas estarán en primera línea cuando haya que pedir clemencia para sus hombres[11]; ellas constituirán el primer elemento de unión al tener relaciones sexuales (consentidas o no) con los españoles y contribuir a la mezcla de sangre[12]; ellas –cuando una Real Cédula en 1514, confirmada en 1515 y 1556, dio carta de libertad a los matrimonios entre indígenas y españoles- fueron quienes le confirieron rango de naturaleza jurídica. Ganadas para la religión cristiana que tantas penalidades les quitaba para ellas y los suyos, por la abolición de los sacrificios humanos, se convirtieron como educadoras de sus hijos en el cristianismo, en figuras clave para la evangelización. “Cedidas graciosamente” por sus propios parientes a los españoles, en los primeros momentos de la conquista, Cortés, considerando su situación, en uno de los viajes a la Corte española, gestionó la edificación de un monasterio de monjas franciscanas en México para recoger y adoctrinar a mujeres principales y a aquellas que no tuviesen protección y aunque esto pueda parecer una forma de control y dominación, muchas jóvenes y niñas aprendieron a leer y a escribir con lo que ello suponía en una época donde la mayoría de los varones no sabían hacerlo. Cabe señalar asimismo que las mujeres que llegaron al matrimonio con españoles, incluso a la mera relación de pareja, ocuparon una posición muy digna: doña Luisa, mujer de Alvarado, doña Elvira mujer de Juan Velázquez de León o la misma doña Marina, son un buen ejemplo de ello…; no eran esclavas sino señoras y el titulo de doña –símbolo de nobleza, implicaba un respeto indudable incluso por los no muy delicados soldados de fila. Es cierto que hubo desmanes y tropelías de todo tipo, pero ello no ha sido patrimonio de ninguna época ni de ninguna nacionalidad y al menos, en la historia del mestizaje en la América española, los descendientes de indígenas y españoles ocuparon puestos destacados[13]. Aquellas mujeres que pensaron ser las elegidas de los teules, de los dioses blancos, alumbraron una nueva época.

Malinche (circa 1500-1519)

Dicen que Cortés la llamaba su dama del mar, Marina, y los españoles le dieron al bautizarla ese nombre. Pero ello sería cuando conociera a Cortes; durante unos veinte años fue Malinche. Los autores no se ponen de acuerdo sobre el significado del nombre nativo: se dice que la grafía exacta era Malintzin, siendo Malin el nombre y tzin como terminación de respeto y equivalente a señora, siendo los españoles quienes transformaron esa terminación en che; se dice que su nombre equivalía a cuerda tensa, la denominación del día que había nacido según el calendario ritual azteca; se dice que su nombre respondía a una elevada montaña del N. del país, donde había nacido[14] . Tampoco se ponen de acuerdo sobre su nacimiento y las circunstancias confusas que rodearon sus primeros años. Hay varias versiones: una dice que Malinche era hija de padres esclavos y que estos la vendieron en Tabasco; otra que era hija de un rico señor de un lugar llamado Tatiquipate y de una de sus esclavas y que hurtada de niña de la casa de su padre, había llegado de mano en mano a donde Cortés la halló; también se dice que había nacido en Jalisco, en un lugar llamado Viluta, hija de ricos padres, parientes del señor del lugar, robada por mercaderes, vendida en Tabasco y tras varias vicisitudes, entregada a Cortés… Sin embargo, Bernal Díaz del Castillo, que trató y habló mucho con Doña Marina, señala que era hija de un cacique de Painala, cerca de Guazacualco; muerto su padre, la madre volvió a casarse y tuvo un hijo que el matrimonio quería dejar como heredero, por lo que optaron por vender a la muchacha y hacer pasar a la hija fallecida de una esclava por Malinche, que mientras tanto pasó mil visicitudes, hasta llegar a manos de Cortés[15].

En 1517 y 1518, bajo las órdenes de Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalba se habían realizado unas expediciones de exploración por la costa mejicana que habían tenido como consecuencia el contacto con la civilización maya-tolteca y las noticias acerca de un imperio rico y poderoso en el interior del país. Diego de Velázquez, el gobernador de las Antillas, creyó conveniente enviar otra expedición, esta vez militar; a su frente puso a Hernán Cortés, extremeño de familia noble pero arruinada que había hecho fortuna en el Nuevo Mundo y podía por su dinero y espíritu, conducir con éxito la avanzada. El 18 de Febrero de 1519, Cortés zarpó con 11 naves, 553 hombres, 16 caballos y 10 cañones además de la impedimenta militar; el Imperio que esperaba conquistar –una Confederación de Estados- se estimaba que tenía 11 millones de habitantes. El 12 de Marzo, los barcos habían fondeado en Tabasco, en el estuario del río Grijalba, en plena península de Yucatán, donde los indígenas los recibieron muy mal y hubo serios incidentes que los españoles supieron dominar; para aplacar a los recién llegados, los caciques de Tabasco trajeron a Cortés, presentes en oro y mujeres, entre ellas …una muy excelente mujer que se dijo doña Marina que así se llamó después de bautizada… Cortés en apariencia no se fija en la joven sino que la hace bautizar y la entrega por mujer a su mejor amigo Alonso Hernández de Portocarrero; no hay una sola mirada para Malinche y no será hasta más tarde cuando ya convertida en su amante, Cortés descubra los muchos valores de la joven: inteligente, sagaz, enérgica y fiel a su causa.

Doña Marina: 1519-circa 1530

Malinche es ya doña Marina. La armada parte hacia S. Juan de Ulúa, a donde llegan el 5 de Abril y donde les esperan enviados de Moctezuma II. El emperador había subido al trono en 1502 y se había mostrado con el rostro ambivalente del estado azteca: reforzó el Imperio en contra de la Confederación y no tuvo escrúpulos en actuar como un jefe guerrero y cruel con los vencidos, los enemigos o los rivales; pero también fue un filósofo, apasionado de las astronomía y de los mensajes de las estrellas. En este sentido, Moctezuma había visto con preocupación el paso de un cometa que él interpretó como el regreso de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, divinidad creadora que un día se había marchado hacia los confines del mundo, hacia donde cielo y tierra se unen, pero que había prometido regresar. ¿Acaso eran sus enviados los seres que le decían habían llegado a la costa? Según los informes viajaban en casas que avanzan por el agua y eran seres de cuatro patas de cuyo dorso se alzaba una figura humana de pálido rostro[16] que poseían armas que producían el trueno. Sabía sin embargo por la muerte de algunos, que no eran inmortales y estaba convencido de que aún como enviados del dios, venían para alterar el orden del Imperio; sin saber si optar por la resistencia o la bienvenida, les envió ricos presentes invitándolos a dejar el país. El primer problema, el menor de los que vendrían después, fue la comunicación[17]; el mecanismo era complejo: las palabras de Cortés eran recogidas por Aguilar , un español que había caído prisionero tras las escaramuzas de Hernández de Córdoba y que conocía la lengua de Yucatán; en lengua tabasqueña pasaban a Marina y por su boca alcanzaban por fin los oídos de los embajadores aztecas. El sistema, lento y farragoso, complicaba las cosas y Marina aprendió pronto el castellano porque tenía rara viveza de espíritu y dotes naturales que acordaban la calidad de su nacimiento. Gracias a Marina, los españoles iban a oír hablar por primera vez y con noticias fiables de la importancia del Imperio azteca y Cortés, iba a asumir la idea de la conquista de forma definitiva.

Fue entonces cuando recibieron la visita de una embajada del cacique de Cempoal, quejándose de los males que sufrían a manos de los aztecas e invitándoles a visitar la ciudad. Avanzando por tierra, dejaron atrás los arenales de S. Juan de Ulúa y entraron en una tierra fructífera y pacífica y en una ciudad de calles bien trazadas y casas de elegante construcción con jardines floridos; en el colmo del elogio la llamaron Sevilla. Algunos hombres que se habían adelantado hasta el centro de la ciudad, donde las casas enjabelgadas lucían bajo el sol, volvieron a decir a Cortés que habían visto casas con paredes de plata; doña Marina dijo que sería yeso o cal y tuvimos –dice Díaz del Castillo- bien que reír de su plata y frenesía. Aquí, la mujer se destaca con fuerza poniendo el contrapunto realista y casi masculino a un grupo de hombres ilusos y fantasiosos, ávidos de riqueza. En Cempoal, Marina seguirá siendo protagonista: será interprete con el cacique que pondrá en antecedentes a Cortés de las divisiones internas del Imperio; actuará como mediadora en el juego que Cortés entablará con los embajadores aztecas, apresándoles primero y liberándolos después con noticias para Moctezuma; y sobre todo, cuando en Cempoal, la destrucción de los ídolos por parte española está a punto de desembocar en un sangriento incidente, Marina manifestará al cacique lo equivocado de la resistencia, el error de perder la amistad de los españoles y la temeridad de quedarse sin protección ante la previsible venganza del emperador. Desde luego no era una mera interprete, sino una hábil diplomática muy inteligente y con la difícil capacidad de encontrar el equilibrio sobre el filo de la navaja que era su fidelidad a los españoles y el amor por su pueblo.

En este momento, Hernández de Portocarrero es encomendado por Cortés para volver a España como embajador del conquistador y como enviado que le trajera un poder de derecho que ya estaba ejerciendo de hecho. Marina quedaba así, sin su marido efectivo y pronto, envuelta por las circunstancias, iba a convertirse en la mano derecha de Cortés y en su amante. Los acontecimientos se precipitaban: Cortés quema sus naves[18] y corta amarras –física y espiritualmente- con Cuba y su Gobernador, marchando hacia un Imperio hostil y desconocido. La expedición sale hacia Tenochtitlán el 16 de Agosto de 1519. Todos los integrantes sufren por sierras y caminos infames; Marina se comportaría como el mejor de los hombres. Pronto, siguiendo hacia el E., llegarían a Tlascala.

Tlascala, iba a ser el primer escollo verdaderamente peligroso en el camino de Cortés. Los tlaxaltecas eran enemigos probados de los aztecas, muy guerreros y hostiles hacia una presencia armada; calcularon las posibilidades frente a los españoles y decidieron jugar con dos barajas: aceptar el paso de los visitantes por su territorio, como teules invencibles que eran pero si superaban el muro humano que les aguardaba. Al fin, si los extranjeros vencían, siempre se podía echar la culpa del ataque indígena a un general impetuoso. El momento era extremadamente grave para los españoles que si bien contaban con aliados indígenas tenían que enfrentarse contra un número enorme de tlaxaltecas; Marina sobresalió en esos días como interprete y parlamentaria y tras el parapeto iba a hablar con los enviados de Tlascala[19], pero también sobresalió como figura de valentía y aliento[20]; cuando superado el peligro, Cortés consigue convencer a los tlaxaltecas para que sean sus aliados contra Moctezuma, será Marina la que de fuerza de convicción a sus palabras al tiempo que se preocupa de obtener las mejores condiciones para los indígenas. La admiración hacia la mujer era total por ambas partes: Bernal Díaz del Castillo señala, digamos que doña Marina, con ser mujer de esta tierra, tenía esfuerzo tan varonil que con oír cada día que nos habían de matar y comer nuestras carnes, y habernos visto cercados en las batallas pasadas y que ahora todos estábamos heridos y dolientes, jamás vimos flaqueza en ella, sino muy mayor esfuerzo de mujer. Los tlaxaltecas por su parte dieron a Cortés doncellas para que sirvieran a Marina y como cuando el conquistador se presentaba en público iba siempre acompañado por la joven, y los nativos conocían el nombre indígena de la muchacha, comenzaron a llamar a Cortés, Malinche, pues les parecía que formaban un todo; también llamaban a Marina la lengua de Malinche… Un cuadro verdaderamente revelador.

El siguiente peligro les aguardaba en Cholula. Los españoles habían sido bien recibidos pero se fraguaba una traición. Cortés algo se barruntaba pero la confirmación se la daría la propia Marina: la esposa de uno de los caciques, cuyo afecto se había ganado la joven, le comunicó que se refugiara en su casa porque se preparaba una matanza contra los españoles; Marina, sin levantar sospechas, obtuvo datos concretos y se los transmitió a Cortés que actuó en consecuencia con una matanza indiscriminada, que sin duda tuvo que doler profundamente a Marina porque iba contra su idea de alcanzar las cosas dialogando entre dos razas y dos maneras de entender las cosas; aquella vez fue la primera que en el difícil equilibrio que sostenía tuvo que tomar partido y no debió resultarle sencillo. Tras el episodio de Cholula, Cortés y los suyos estaban dispuestos para el tramo final de su viaje; el 1 de Noviembre de 1519, Cuitlahuac, hermano de Moctezuma, los recibe y los aloja en Ixtapalapa desde donde saldrían hacia la capital del Imperio azteca[21], llegando a ella el día 8.Moctezuma se pliega a las circunstancias y recibe a los españoles alojándolos en un palacio fortificado[22]; Marina, como traductora, será fundamental. En los meses siguientes cabe suponer la tranquilidad que envolvió a la expedición después de tantas penalidades; sin embargo todos –indígenas y españoles- estaban caminando sobre una frágil capa de hielo que pronto iba a quebrarse.

Los enfrentamientos con una población reacia a abandonar sus ídolos, la constante petición de joyas y oro y las dudas de Moctezuma sobre si su decisión al no enfrentarse a los extranjeros había sido la acertada, comenzaron a enrarecer las cosas. Cortés además cometió un gravísimo error: creía que Moctezuma tenía un absoluto poder sobre sus súbditos y decide encarcelarle para por un lado presionar a los aztecas y por otro forzar al emperador a tomar una decisión favorable a los intereses españoles. Pero Moctezuma era un príncipe al que se recibía a pedradas cuando Cortés le hacía aparecer en público; un príncipe cada vez más confuso y posiblemente enfermo. Marina intento inútilmente aconsejarle dado el estado de cosas, suplicándole acompañara a los hombres blancos a sus cuarteles, donde sería tratado con todo respeto y consideración, al paso que si lo rehusaba se expondría a una violencia y acaso a la muerte. En esos momentos Cortés recibe la noticia de que el Gobernador de las Antillas había enviado una expedición para destituir y apresar a Cortés; éste, se desplaza con rapidez a Yucatán, ataca y vence a los hombres que comandaba Pánfilo Narváez y regresa rápidamente a Tenochtitlán. Cortés llega el 20 de Junio de 1520 y encuentra la ciudad en estado de rebelión; Pedro de Alvarado que había quedado al mando no se caracterizaba por su diplomacia y finura y se habían producido serios abusos, entre ellos la detención de Cuitlahuac que contaba con numerosas simpatías entre los aztecas frente a su desprestigiado hermano. Cortés retoma las cosas, libera al prisionero y ordena a Moctezuma que hable a su pueblo para que deponga las armas; la solución no puede ser peor y el emperador es recibido a pedradas y muerto. La asamblea de guerreros y sacerdotes elige a Cuitlahuac como sucesor. Cortés despierta por fin y se da cuenta de la situación; perseguidos y acosados, los españoles y sus aliados indígenas (aquellos que no les han abandonado) se ponen en marcha hacia territorios amigos. Es la noche del 30 de Junio al 1de Julio de 1520, la noche triste en que las Crónicas cuentan que Cortés en medio de unas condiciones terribles en la marcha, se detuvo bajo un árbol y lloró.

¿Y Marina? Desde luego, ver al teule que amaba convertido en un hombre vencido y humillado por su propia cabezonería, en un hombre que no había querido seguir ni uno sólo de los consejos de una mujer que conocía bien a sus coterráneos, tuvo que resultarle penoso, pero siguió fiel a su lado. Fue de gran consuelo para Hernán Cortés y para todo el ejército que pudiesen escapar de la batalla y del confusionismo de aquella noche, Doña Marina y Gerónimo de Aguilar, instrumentos principales de aquella conquista y tan necesarios entonces como en lo pasado; porque sin ellos fuera imposible incitar o traer los ánimos de las naciones que se iban a buscar. Marina prestará un servicio más aquella noche; sigamos al cronista: reconoció ella la novedad en que los indios que venían siguiendo la marcha, en sus gritos e irrisiones tenían más de contento que de indignación. Reparó doña Marina que decían muchas veces, andad tiranos que pronto llegaréis donde perezcáis…; la mujer advierte a Cortés y se toman precauciones. Salvan así los españoles la emboscada que un grupo de aztecas les preparaba más adelante, en Otumba, donde obtienen una victoria que les levantaría la moral y les daría fuerzas para marchar hacia el territorio amigo de Tlaxcala, reagruparse y volver sobre Tenochtitlán. En Tlaxcala, Cortés preparó su revancha y en Abril de 1521 se sintió con fuerzas para afrontarla: con el apoyo de trece barcos, transportados por vía terrestre desde Tlaxcala al lago Texoco, en pleno corazón del Imperio mexica, asedió la capital azteca, cuya defensa estaba al mando de un noble caudillo, Cuauhtémoc, de sólo veinticinco años; las cosas estaban mal en la ciudad: se había declarado una epidemia de viruela (enfermedad que los españoles habían importado) y entre los fallecidos se hallaba Cuitlahuac, el propio emperador, pero aún así, los defensores luchan encarnizadamente aunque sin resultado. El 13 de Agosto de 1521, los españoles entran en el lugar de donde habían tenido que huir algo más de un año antes; los recibe con su pueblo el emperador Cuauhtémoc[23] que acababa de ser elegido y comienzan las negociaciones o por mejor decir las imposiciones en las que como un motivo constante aparece la pregunta de dónde se guardan los tesoros del Imperio y la presión para que se entreguen; la ciudad estaba casi en ruinas y la población –aunque Díaz del Castillo pinte un cuadro de singular colorido- diezmada; Cuauhtémoc se niega a hablar y es sometido a tortura y muere[24]. ¿Qué piensa de todo ello Marina? No lo sabemos; acaso por su amor a Cortés y las vicisitudes pasadas, cerró los ojos pensando que después de todo los aztecas eran sus enemigos naturales; acaso sufrió por quienes tenían más puntos de contacto con ella que los extranjeros de armaduras brillantes venidos del mar.

A partir de ese momento y durante un tiempo, la estrella de Marina estará en alza al lado de Cortés y será él quien se aleje. En 1523, la casa con uno de sus capitanes, hidalgo de condición, llamado Juan de Jaramillo, ya que el matrimonio con Hernández de Portocarrero lo había sido de hecho pero no de derecho; ahora el matrimonio, acogiéndose a la Real Cédula de 1514, es legítimo y Cortés entrega tierras a los recién casados como dote de Marina[25]; esas tierras estaban en la tierra natal de ella, donde viviría un tiempo con respeto y honor y donde se reencontraría con su familia[26]. Desde luego no debió olvidar a Cortés con quien tantas cosas había vivido y que era el padre de su hijo; quizás le reprochó su alejamiento y su frialdad (en sus obras, el conquistador la menciona poco y de pasada) y que no supiera valorar todo lo bueno que consiguió y todo lo malo de lo que se libró gracias a ella, pero con el espíritu positivo que había marcado su vida siguió adelante, falleciendo en España a donde se había trasladado con su marido, en torno a 1530 en total anonimato. Cortes la sobreviviría 17 años y desde que la abandonó y hasta la fecha de su muerte, vivió agitadamente envuelto en todo tipo de intrigas y en peticiones y procesos para que se le concedieran mercedes y derechos. Era como si al desaparecer Marina de su entorno, se hubiese llevado con ella la necesaria firmeza para enfrentar las dificultades, el consejo para evitar las celadas y la capacidad de comprensión y diálogo, cualidades (a excepción quizás de la primera) de las que Cortés adolecía.

No se conservan Memorias de Marina como no se conserva ni un solo retrato; su vida, sus palabras, nos han llegado por la interpretación de otros, por boca de otros, curiosa paradoja si pensamos que ella fue la lengua de la conquista de México, pero una obra de ficción que la elige por protagonista pone al final una reflexión en sus labios que bien pudiera no estar muy alejado de su pensamiento real; dejemos pues que Marina hable: muchos millones de indios odiaban a Cortés y debían de odiarme a mí. Algunos me llaman la Chingada, como si fuese una ramera. Pero las rameras venden su cuerpo y yo di el mío. Otros me llaman traidora. También son unos embusteros. Los aztecas nunca fueron mi pueblo, sino sus opresores y Cortés se lanzó contra los aztecas y luchó contra ellos y los venció. Así pues, yo no traicioné a nadie; yo que había sido tan monstruosamente traicionada y precisamente por la mujer que me había parido. Si hubo alguna traición por mi parte, entonces yo me traicioné a mi misma… Luche por la pasión contra la razón y perdí la batalla… Pero hay un Poder mayor que el de Cortés. Y por eso creo que los entuertos causados, serán enderezados en definitiva. Debo creerlo. Debo confiar en Dios, caminar humildemente y hacer todo el bien que me sea posible.

Para saber más:

-Brandt, Jane Leonis

Malinche. Ed. Plaza y Janés; Barcelona, 1981

-Cortes, Hernán

  • Cartas de relación de la conquista de México. Ed. Sarpe; Madrid, 1985
  • Cartas y relaciones con otros documentos relativos a la vida y empresas del conquistador. EMC Ed.; Buenos Aires, 1946

-Díaz del Castillo, Bernal

Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Ed. Austral; Buenos Aires, 1948

Madariaga, Salvador de

Hernán Cortés. Ed. Espasa-Calpé; Madrid, 1975

Passzut, Lazlo

El dios de la lluvia llora sobre Méjico

Prescott, W.H.

Historia de la Conquista de México (2 Vls.) Ed. Schapire, Buenos Aires, 1968

[1]Para los españoles, Malinche fue según las ocasiones, un problema, una ayuda o casi la única esperanza de remontar situaciones difíciles; para los mejicanos, una colaboracionista, una traidora.

[2]Procedían de Aztlán o Aztitlán, que significa la tierra de las garzas reales y que podemos ubicar en el moderno estado de Michoacán, al NO del país ; además de aztecas también se les llamaba mexicas, de donde la nación ha tomado el nombre.

[3]Poseían un ejercito perfectamente organizado y un notable sentido de la estrategia; Huitzilopóchtli, hambriento de guerra, era una de sus divinidades y a él le ofrecían sacrificios humanos, en sus templos situados sobre una gran pirámide en el centro de la ciudad. Quizás que Malinche, perteneciera a uno de los pueblos humillados y dominados, explica muchas de sus actitudes.

[4]Un restringido consejo de nobles, sacerdotes, grandes dignatarios y altos oficiales designaba al que había de ser el padre y la madre del pueblo azteca; cuatro altísimos dignatarios eran los consejeros de un emperador que en la práctica adquiría una dimensión semidivina.

[5]En la cúspide se hallaban los nobles de los que salían los sacerdotes y funcionarios, seguían los guerreros, los mercaderes, los artesanos y campesinos; sacerdotes y funcionarios no pagaban tributos y eran la clase dirigente, mientras que el resto, aún contribuyendo en mayor o menor medida, con dinero y en el combate, eran libres y gozaban de plenos derechos. En el último escalón estaban los siervos y los esclavos, sin derechos, miembros de los pueblos dominados y prisioneros de guerra.

[6]De su lengua hemos heredado palabras como coyote, aguacate, cacao, papaya, tomate, cacahuete, chicle, chocolate, jícara, petaca, petate…

[7]Se conserva el llamado calendario azteca o piedra del sol, que es una representación cosmogónica de la relación del pueblo mexica con el astro rey, al que hacían protagonista de sus ceremonias. Se sabe de la existencia de dos calendarios: uno solar de 18 meses que recibían sus nombres de las actividades agrícolas y que estaba formado por 360 días; y el ritual de 260 días divididos en 20 periodos de 13 días cada uno, estando cada uno de los nombres de los días y periodos,relacionado con objetos de la vida cotidiana.

[8]El emperador Moctezuma, se enfrentaba a un sector de la aristocracia apartado del poder y a las disensiones internas con su propio hermano, Cuitlahuac.

[9]…eran diestras en acomodar al apetito la variedad de sus manjares y en hacer el pan de maíz, cuya fábrica era desde su principio ministerio de mujeres.

[10]Por supuesto no se conservan opiniones sobre el tema de las propias mujeres.

[11]…y era tanto el llanto de niños y mujeres que no había persona a la que no quebrantase el corazón…

[12]Alvarado, Dávila y otros hombres de Cortés, tuvieron descendencia de indígenas y por supuesto también el propio Cortés.

[13]Los hijos de Alvarado y Doña Luisa fueron grandes de España y una de las hijas fue mujer de D. Francisco de la Cueva, buen caballero, primo del Duque de Alburquerque

[14]De hecho, un volcán entre los estados de Tlascala y Puebla, de 4.461 m., lleva esta denominación.

[15]¿Cuál es la verdad? ¿Una rica heredera, una noble indígena golpeada por las circunstancias? ¿Una simple mujer consciente de que es preciso estar en el lugar adecuado en el momento adecuado con una historia que despierte simpatías? Desde luego como se verá, era práctica e inteligente y deslumbró a Díaz del Castillo, el cronista que la conoció y que más habla de ella en términos muy elogiosos. Por otra parte, dicho cronista pasa por uno de los más verídicos en sus relatos y conoció a la madre y al hermanastro de Marina. Puede que la de Bernal Díaz del Castillo, sea la más aproximada a la realidad.

[16]Los indígenas no conocían el caballo y a sus ojos, montura y jinete formaban un todo.

[17]…los nativos suplieron la falta de entendimiento con la extraordinaria vivacidad y expresión de sus gestos, pero el comandante español vio con pesar los embarazos que debía encontrar en el futuro, por falta de un medio más perfecto de comunicación. Se le avisó entonces que una de las esclavas que le habían dado los jefes tabasqueños, entendía el idioma. Su nombre de cristiana era Marina.

[18]En realidad, las naves fueron hundidas tras extraer de ellas todo lo útil.

[19]Dejose ver entonces sobre la muralla doña Marina y en su lengua les preguntó de parte de quien y a qué venían.

[20]No veo sino la muerte para nosotros –dijo un jefe cempoalteca a Marina-; nunca conseguiremos pasar vivos. El Dios de los cristianos está con nosotros –contestó la intrépida mujer- y El nos conducirá salvos y seguros.

[21]Tenochtitlán tenía entre 60.000 y 65.000 casas y casi 300.000 habitantes. En la época de Cortés la ciudad propiamente dicha ocupaba de forma casi total la isla sobre la que se levantaba y estaba unida a tierra firme por tres terraplenes sobre cada uno de los cuales corría una calzada que moría en la plaza central donde se ubicaba la gran pirámide con sus templos y otros edificios religiosos y administrativos. La metrópoli se hallaba dividida en cuatro grandes barrios en los que se distribuían los 20 calpulli o clanes a cuyo alrededor se agrupaba la población; cada calpullicon sus propios edificios religiosos y civiles gozaba de cierta autonomía. Varios canales surcaban la ciudad y a orillas de los mismos flotaban junto con otras embarcaciones, las chinampas, grandes balsas de juncos trenzados, cubiertas de tierra abonada y barro y que se cultivaban en forma de huerto o jardín. Los españoles decían que la ciudad era la Venecia de los aztecas.

[22]Moctezuma se dirige a Cortés en estos términos: Señor nuestro, te has fatigado, te has dado cansancio; ya a la tierra tú has llegado. Has arribado a tu ciudad, México. Aquí has venido a sentarte en tu solio, en trono.

[23]El ejército entero se puso en marcha con todo orden y concierto; venía detrás Guatemocin (el nombre que da al emperador el cronista) llevando a derecha e izquierda a los reyes de Teztuco y Tacuba y seguido de la Mujer Serpiente(una alta dignidad azteca) y de numerosos caudillos mejicanos. Principales mejicanos y capitanes españoles se reunieron en el palacio de Coyohuetzin, única morada rica y amplia que quedaba para alojar a tal asamblea; se habían cubierto las azoteas con toldos de ricas cortinas y tapices y se había erigido un dosel para el capitán. Él hizo sentar a Guatemocin a su derecha y a los otros dos reyes a su izquierda; la azotea estaba cuajada de españoles ymejicanos. Al lado de Cortés, en pie, estaba doña Marina.

[24]Sobre las ruinas de Tenochtitlán, sobre el lago que se fue desecando lentamente, se levantó Ciudad de México y el recuerdo de la capital azteca comenzó a caer en el olvido.

[25]Del conquistador, Marina había tenido un hijo, Martín que algunos confunden con otro hijo de igual nombre que Hernán tuvo en otra unión. Ambos hermanos, el mestizo y el blanco, mantuvieron buenas relaciones; fueron detenidos en 1566 por orden de Felipe II, trasladados a prisiones españolas, acusados de sedición y liberados tras un largo proceso.

[26]Acudieron la madre y el hermano de Marina y conocieron claramente que era ella porque se les parescía mucho. Tuvieron miedo della, que creyeron que los enviaba allar para matallos, y lloravan. Y como ansí los vio llorar la doña Marina, les consoló y dijo que no hobiesen miedo, que no supieron lo que hacían y se lo perdonaba; y les dio muchas joyas de oro y ropas y les dijo que se bolviesen a su pueblo; que Dios la avía hecho mucha merced en quitarla de adorar idolos agora y ser cristiana y tener un hijo de su señor Cortés y ser casada con un caballero como era su marido Joan Jaramillo.