EL ARCHIVO PARROQUIAL DE S. MARTÍN DE TURÓN: EL VALOR RECONSTRUCTOR DE UN ARCHIVO Y DATOS PARA UNA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA

Este artículo, es una Comunicación al II Congreso de Bibliografía Asturiana, celebrado en  Oviedo en 1999 y, publicado ese mismo año en las Actas editadas por la Consejería de Educación y Cultura. Por este motivo los datos que se refieren a la población del municipio, son del año citado; asimismo D. Manuel Ibarra que aparece como párroco, ya ha fallecido y la situación actual del Archivo puede no corresponder con lo manifestado en el artículo)

(A D. Tomás García, Coadjutor de S. Martín de Turón que salvó los libro s de su Archivo de la destrucción y a D. Manuel Ibarra Aizpiri, su actual párroco siempre dispuesto a facilitar la tarea de los investigadores. Sin ellos este trabajo, y otros para el futuro, no serían posibles.)

Introducción

El Valle de Turón, sito en la Cuenca del Caudal, sufrió con la industrialización de finales del siglo XIX y la explotación minera del XX, una brutal transformación. Con una marcada tradición agrícola y ganadera, vio como se alteraban sus sistemas tradicionales de vida y como su hábitat experimentaba profundas y en la mayor parte de los casos, irreversibles transformaciones: se perdieron los yacimientos y asentamientos preexistentes por causa de la explotación minera tanto en superficie como en profundidad y se alteró gravemente la red de caminos tradicionales; el sistema de lavado de carbón acabó con los antiguos molinos y puentes y la necesidad de obtener mayor nivel de agua y proteger a los lavaderos de las riadas, influyó en la alteración de las márgenes del río; el crecimiento poblacional y la necesidad física de espacio por el aluvión de trabajadores llegados de todo el país para emplearse en las minas añadió un nuevo elemento de alteración que en el caso de Turón, un valle sumamente estrecho, adquirió caracteres de catástrofe. Hoy, la desindustrialización y el nuevo arrasamiento que ello conlleva, supone la última paletada de tierra sobre lo que fue un magnífico ejemplo de forma de vida agrícola y ganadera.

El Valle de Turón se encuentra asentado dentro de los límites naturales y administrativos del Concejo de Mieres, situado a su vez en la zona central de Asturias. El Concejo que hasta 1837 permaneció unido al de Lena, en lo que popularmente se conocía por Conceyón y que extendía su alfoz desde Arbás al Padrún, limita actualmente al Norte con Ribera de Arriba, Oviedo y Langreo, al Sur con Lena y Aller, al Oeste con Morcín y Riosa y al Este con S. Martín del Rey Aurelio y Laviana; dichos límites, coinciden orográficamente con una serie de alineaciones montañosas que no sobrepasan en ningún caso los 1200 m. y que marcan la divisoria de aguas entre las cuencas de los ríos Nalón y Caudal-Turón al Norte y al Este, Riosa y Caudal al Oeste, Aller y Turón al Sur. El Concejo de Mieres ocupa una superficie de 145 Km2 cuadrados, sobre la que se ubican algo más de 600 entidades de población agrupadas en caserías, lugares, aldeas y barrios, que suman un total de 15 parroquias y un número -según el censo de 2009- de 53.241h.;  372 h. de media por Km.2

El topónimo Turón no designa hoy una realidad clara y precisa. Llama mucho la atención a los que son extraños al Valle, que una persona les responda a la pregunta de qué pueblo es, con la respuesta de Turón y luego se encuentren con que la correspondencia hay que remitirla a La Veguina, El Lago o La Felguera… Los extraños al Valle razonan que tal cosa es como decir fuera de la región, que uno es de Asturias sin dar otros datos y es en esta aseveración donde se halla la lógica explicación: fuera del Valle se es de Turón y dentro del Valle de cualquiera de los núcleos que lo conforman en sus alrededor de 50 Kms. cuadrados distribuidos en forma de U de Este a Oeste. Por otra parte el últimoNomenclátor (1986) desagrega excesivamente las unidades de poblamiento y Turón, entre otras, no figura como entidad lo que complica aún más la situación.

El Valle de Turón está situado a 7 Kms. de la capital del Concejo, Mieres del Camino. A él se accede siguiendo la vieja ruta del Camino de Santiago, desde el pueblo de Figaredo, por una carretera que desviándose de la antigua N-630 y tomando como punto de referencia los restos del palacio de los marqueses de San Esteban del Mar (originariamente de los Quirós)[1] que llegaron a su posesión por enlaces matrimoniales y herencias, sube sin desvíos, atravesando el Valle hasta Urbiés, a 11,5 Kms. Desde allí hacia la izquierda se desciende a Langreo y hacia la derecha a Laviana; también por la parte alta, desde La Colladiella, se pasa a los Concejos de Aller y S. Martín del Rey Aurelio. En esta zona oriental que es la más alta del Valle, se encuentra una de las elevaciones más importantes del Concejo, la Burra Blanca de 1155 m., así como la fuente La Rigá, donde nace el río Turón. El río Turón se forma con los arroyos de Tres Concejos y de Abeduriu, que a su vez recibe las aguas del de La Collá: por su margen izquierda fluyen los arroyos de Felguerosa, Colladiella, Villandio, Fresneo, Cutrifera y Fayas; por la derecha los de Colladiella, S. Justo, Sienda, Repedroso y La Felguera. El río configura en buena medida el carácter del Valle, siempre lo ha configurado: estrecho, alineado en su plano a ambos lados de la carretera y con una fuerte inclinación de las vertientes que son aprovechadas para la vivienda, ocupando las zonas más amplias las explotaciones industriales como antes las ocuparon los terrenos de labor; de todas formas, la escasez del suelo es tan importante que hace que puedan verse las instalaciones mineras en las inmediaciones de las viviendas e incluso entremezclándose con ellas. Situación que está cambiando de nuevo al efectuarse acciones urbanísticas de mejora sobre los antiguos núcleos poblacionales e industriales, que intentan recuperar un hábitat profundamente degradado.

Tradicionalmente el Valle se dividió en dos parroquias, la de S. Martín ubicada en La Felguera con su hijuela de Sta. María de Urbiés y la de Sta. María de Peñuli, en el límite de Turón con el actual Figaredo. Actualmente el Valle se configura en cuatro parroquias: las citadas de S. Martín (desde siempre conocida como de Turón remitiéndose a sus más antiguos orígenes) y Sta. María de Urbiés (desgajada de S. Martín en 1888) y las de Sta. Bárbara ubicada en La Cuadriella y del Carmen ubicada en S. Andrés, formadas en 1961 al desprenderse S. Martín de doscollaciones. Turón (entendida como parroquia) y Urbiés, mantuvieron siempre lazos de intercomunicación tradicionales, pero se van separando a medida que el concepto de parroquia entra en crisis y la industrialización con sus efectos de transformación del hábitat tradicional, va configurando una evolución distinta para cada una de ellas.

Pascual Madoz (o.c.) describe a Turón como feligresía en la provincia y diócesis de Oviedo (5 leg.), partido judicial de Pola de Lena (2 1/2), ayuntamiento de Mieres (1 1/2). Situada en terreno montuoso con inclinación al O; clima templado y sano. Tiene 400 casas en los lugares de Urbiés, Collado, Tejera, Pedrero, Fabucosa, Dochal, Vallicuerra y varios caseríos. Hay escuela de primeras letras frecuentada por 50 niños, cuyos padres dan al maestro la retribución convenida. La iglesia parroquial (San Martín) de la que es aneja la de Sta. María de Urbiés, se halla servida por un cura de término y patronato real. También hay 5 ermitas que ninguna particularidad ofrecen. Confina N y E con Mieres; S Figaredo y O el concejo de Aller. El terreno es muy fértil; comprende varios montes y le baña un riachuelo sobre el cual hay un puente de piedra y 6 de madera, y confluye en el río de Lena a distancia de una legua. Producción de escanda, maíz, patatas, arvejos, castañas, avellanas y otras frutas; hay ganado vacuno, caballar, de cerda, lanar y cabrío; caza de perdices, liebres, corzos, osos, jabalies y lobos; pesca de truchas y anguilas. Industria la agrícola, molinos harineros y 2 batanes. Poblaci¢n 400 vecinos y 1.600 almas. Contribución con su su ayuntamiento.

Esta descripción de mediados del XIX, aunque somera y parcial, es muy similar a la que se puede traslucir de documentos del XVI al XVIII, por lo que respecta a producción agrícola, y no demasiado distinta, salvo los productos americanos, a la que nos presentan los documentos medievales: el Valle por sus especiales características se definió siempre por una clara vocación agrícola y ganadera, aprovechando al máximo el terreno tanto para hábitat como para terrazgo[2]. La población era mayoritariamente campesina y aunque en el Padrón de Hidalgos y Pecheros de 1555, hay una masiva presencia de hijosdalgo, se puede hablar de un grupo humano en el que sólo una minoría eran pequeños propietarios, siendo el resto arrendatarios y aparceros; existía un pequeño artesanado, pero integrado dentro de la forma de vida campesina y dedicado a sus oficios a tiempo parcial; y persistía cierta emigración a tierras leonesas para la siega y otros trabajos temporales, lo que mantenía la comunicación tradicional allende los puertos.

La unidad de producción era la casería, propia o alquilada; en ella se disocian la vivienda y el terrazgo: la constituían la casa-habitación de suelo terrero, a veces con cuarto alto dotado de corredor; al lado la corte o establo, con otros elementos adicionales como la tená o pajar y loscaxellos d´abeyes (las colmenas) que en este último caso, se superponen a las paredes[3]; en la antoxana, el marcado sentido polivalente se imponía: era portal, lugar de reunión y taller de trabajo y delante de la misma o en sus cercanías, se levantaba el hórreo que servía de granero. El terrazgo abarcaba desde el huerto para el pequeño consumo familiar hasta las tierras de labor propiamente dichas, cerradas porsebes (vegetales o de piedra) y en algunos casos manzanos; las praderías para el ganado, presentaban por lo general carácter comunitario, al igual que ocurría con los montes madereros.

La comunicación hacia el Valle (además de los pasos tradicionales de montaña) partía del mismo punto que en la actualidad, pasaba por Cortina donde cruzaba el río y seguía hasta La Cuadriella, donde enlazaba a la altura de la Cuestaniana con una senda que corría sobre La Veguina, cruzando los lugares de Villabazal y La Crucina hasta llegar a la iglesia de S. Martín, desde allí¡ y siguiendo una ruta próxima a la actual carretera, ascendía hasta Urbiés.

Las condiciones descritas se mantuvieron hasta que a mediados del XIX comenzó el proceso industrializador, que como se ha dicho anteriormente provocó una profunda transformación del espacio. Hoy, en los núcleos de ladera, a pesar de las actuaciones sobre ellos realizados, se puede seguir la pista de los primitivos asentamientos; no ocurre igual en el fondo del Valle que en el XIX mostraba una apariencia totalmente distinta: las tierras por las que no pasaba el camino real desde La Cuadriella hasta La Felguera y que se corresponden con la actual carretera, los asentamientos industriales y los asentamientos poblacionales ligados a los anteriores, eran inmensas vegas feraces aprovechadas al máximo para la producción agrícola. Todo ello cambió con el arribo del nuevo estado de cosas propiciado por la industrialización; el oro negro significó entonces el fin de un modo de vida basado en la tierra y la aparente riqueza que aportó, se ha vuelto contra el Valle mismo: la pérdida de parcelas de labor superó el 90% y con ellas desaparecieron todos los elementos inherentes al mundo rural entendido en su más pura esencia; se contaminaron los ríos y se degradó el paisaje y el patrimonio cultural; entre 1857 y 1950, aumentó la población en un 1044% y tal presión demográfica, supuso por necesidades físicas, la explotación del territorio hasta límites insostenibles… En suma, un sector ajeno al Valle de Turón se asentó en el mismo para extraer lo más posible bajo los principios de jerarquía, economía y productividad[4]; una autentica política de tierra quemada.

La situación del Valle en este momento no es halagüeña: un marco espacial degradado, la industria desmantelada y una población envejecida y estancada, en la que los más jóvenes de sus miembros se ven constreñidos al paro. Sin embargo, actuaciones recientes de mejora medioambiental y en comunicaciones, la recuperación lenta pero constante de la cabaña ganadera y la repoblación de algunos caseríos, aunque todavía en sus inicios y con población temporal, permiten cierto optimismo en una revitalización de Turón, que para quienes allí viven o han vivido, tanto en los pueblos altos como en el fondo del Valle, siempre ha sido una unidad física y social.

Es posible recuperar parte de esa forma de vida a través de los libros que conforman el Archivo Parroquial de la iglesia de S. Martín de Turón, una fuente indispensable para el conocimiento histórico del Valle, tanto a través de los Libros de Asentamientos como de los Libros de Fábrica y cuyas noticias más antiguas e interesantes se desarrollan en un periodo que abarca desde principios del siglo XVII a bien mediado el siglo XIX. La autora llegó hasta esta fuente archivística con motivo de la búsqueda de datos para la Tesis Doctoral que actualmente prepara sobre el Valle durante la Edad Media, bajo la dirección del Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Oviedo, D. Francisco Javier Fernández Conde. Lo que comenzó como una simple y puntual consulta, se extendió como una investigación paralela y actualmente manejo un amplio dossier documental que incluye no sólo un estudio económico y social del Valle sino también el ahondamiento en mis raíces paternas: un linaje de campesinos que se remonta -por el momento- hasta el siglo XVII.

Quizás la mejor manera de cerrar estas breves notas introductorias sea con las palabras de Benjamín Álvarez, Benxa, un mierense excepcional y nunca suficientemente valorado; él, con una paciencia infinita que sólo puede equipararse a un copista medieval trazó y salvó, al menos sobre el papel, buena parte del pasado de la Comarca. Benjamín Álvarez escribió que no se puede actuar como bárbaros, arrasando lo que estorba a nuestros planes, sin reparar en el mérito de lo que se destruye. Hora es pues de comenzar a educar en el amor y en el respeto por lo nuestro, de buscar la manera de hacer sin deshacer, de mimar la memoria colectiva de la que somos guardianes y responsables; en caso contrario nos habremos ganado a pulso la maldición del olvido.

La iglesia parroquial de S. Martín de Turón y su Archivo: historia, vicisitudes y estado actual.

La más antigua referencia a la iglesia de S. Martín, se recoge en uno de los documentos del Libro de los Testamentos de la Catedral de Oviedo, fechado el 20 de Abril del 857, por el que Ordoño I concede a la Iglesia de Oviedo, diversas iglesias, villas y monasterios, y donde textualmente se dice in ualle Turone ecclesia Sancte Marie et Sancti Martini et Sancte Andree et alia loca que dicuntur Amnes et septem fontes, cum ecclesia Sanctorum Iusti et Pastoris in Porio cum omnibus bonis suis intus et foris. Los trabajos del Obispo Pelayo para magnificar los territorios de la sede ovetense, unido a la escasez diplomática alto medieval, complican la posibilidad de establecer con un alto grado de fiabilidad si esto se corresponde con una realidad histórica, pero la no pertenencia a un determinado señor no implica la no existencia; en todo caso desde fines del siglo X se encuentra perfectamente documentada y ligada a las vicisitudes del Valle. En 1385 en elInventario de parroquias elaborado por orden del Obispo de Oviedo D. Gutierre de Toledo, se dice San Martino de Turón húsala apresentar el abbad de San Vicente de Oviedo. Es capellán della Pedro Cachero. Ha de manso una emina de senbradura. Los diezmos pártense en esta manera: la metad lieva el dicho abbad, la otra metad el capellán. Paga de procuraçión doze mrs. Riende esta capellanía [ ] mrs. A partir del siglo XV, S. Martín y Sta. Mª de Urbiés su hijuela[5], se integran en el Arcedianato de Gordón, Arciprestazgo de Lena de Yuso (de abajo) y la Parroquia se constituye como el elemento aglutinador de las aldeas que la definen, mientras los vecinos se reúnen en sus cercanías por sistemas tradicionales.

Hasta la fecha no se han encontrado datos que nos remitan a las características de la iglesia o iglesias anteriores al siglo XVII, aunque si podemos a través de la documentación medieval y notarial de época moderna, acercarnos al tipo de sociedad en la que estaba inscrita. A partir del siglo XVII se realizan grandes obras que transforman su estructura externa y le dan mayor cabida: interiormente tenía una nave central, con su altar mayor, tribuna, sacristía y pequeñas capillas laterales y al exterior puerta de arco (justo al entrar se encontraba la pila bautismal) además del campanario y como elemento más destacado un magnífico cabildo[6]. A lo largo del XVII y XVIII, se realizan en ella obras de acondicionamiento: reparar cubiertas, blanquear paredes, dorados del retablo mayor… En 1804, atendiendo a la Real Orden de 1787, …y debido a la elevada mortandaz del vecindario[7], los regidores[8] de la Parroquia se reúnen con el párroco D. Ignacio Castañón, para tratar sobre el nuevo cementerio extramuros contiguo al templo por la cara Norte

Los sucesos de la Guerra de Independencia también afectan a la Parroquia que entre 1813 y 1815, tiene que ir recuperándose poco a poco tanto a nivel de obras de restauración como de los ornamentos para el normal desenvolvimiento del culto. Entre 1820 y 1823, en consideración a las circunstancias de los tiempos se realiza una revisión de las cuentas de la Mayordomía de Fábrica; nada se dice de daños en la parroquia pero en 1824 se realizan obras importantes: se levanta todo el cuerpo de la iglesia unos 3 m. aproximadamente y se construye una nueva espadaña, se enlazan los macizos y se cubre la capilla mayor a tres aguas; también se restaura el cabildo del templo, a la sazón en ruinas; el monto, 7376 reales, unas 1800 pesetas. En los años siguientes seguirían obras de mantenimiento tanto en la iglesia como en el cementerio. Entre 1857 y 1869 una nueva gran obra afecta a la parroquia: se trata de ampliar y mejorar todo el presbiterio con su arco, las dos sacristías, la bóveda, el enlosado, asegurar el pórtico y los campanarios y levantar la capilla del Santísimo Cristo; al mismo tiempo se decide levantar un nuevo camposanto dado el crecimiento de la población, ubicándolo junto al río y cerca del lugar donde más tarde se erigió el Colegio de los Hermanos de la Salle[9]. Al parecer hubo muchísimas dificultades para recabar el dinero para estas obras: se tramitaron súplicas al Gobierno, hubo que recaudar dinero del culto y de los Santuarios del Valle y exigir a los Mayordomos el de sus Mayordomías. Había poca confianza en el rematante y fiador y todo se presentaba con obstáculos para no realizar las obras según palabras del párroco; a instancias del mismo se resolvió que la obra se hiciese por Administración, teniendo el cura que hacer de capataz, asistiendo al control de todo. Al final el Gobierno aportó 23.219 reales, se obtuvieron 21.232 del culto y el resto hasta los 60.000 (unas 15.000 pesetas) se consiguió de las Mayordomías y de donaciones particulares, entre ellas la de 2.000 reales del Obispo Morenes. Gentes de todo el Valle trabajaron en la obra como picapedreros, carreteros, canteros, tejeros, herreros, carpinteros, pintores y jornaleros en general, figurando Pedro García comomaestro de la bóveda. Al tiempo se repararon o adquirieron los elementos muebles y para culto. A partir de ahí la parroquia entraría en casi medio siglo de “vacas flacas” con fuertes deudas favorecidos por gastos constantes de mantenimiento y pocos ingresos; en 1918 se superaría gracias a una donación de 300 pesetas del Director de Hulleras del Turón y otra de casi 600 del Ayuntamiento de Mieres, como pago del primer plazo del pago por los terrenos pertenecientes a la iglesia y ocupados para la construcción de la carretera La Felguera-Urbiés. Estaban llegando nuevos tiempos para el Valle y para la iglesia, que afectada en su construcción por los sucesos de la Revolución de Octubre y la Guerra Civil[10], se derribará para dar lugar a un nuevo edificio. Lejos quedaban los años en que los párrocos de Turón, comenzaron a dejar por escrito las vicisitudes de sus feligreses y sus muros.

Es ya en el siglo XVII cuando comienza pormenorizadamente la historia escrita de la Parroquia, tanto a través de sus Libros de Fábrica como de sus Libros de Asentamientos. El espacio temporal que abarcan tiene su inicio en el primer cuarto del siglo XVII: las referencias de Bautizados se remontan a 1627, las de Casados[11] a 1632 y las de Difuntos a 1645. Las referencias de Fábrica alcanzan también esta época. El segmento final en los de Asentamientos, toca como es lógico el año presente y en los de Fábrica, alcanza la década de los 20 de nuestro siglo porque evoluciona y cambia el sistema de Archivo.

Por lo que respecta a los libros de Asentamiento el estado de conservación en general es bueno y en el trabajo de recopilación, influye no tanto el soporte físico como el contenido. Así, en los primeros asentamientos se producen algunos vacíos informativos debido a múltiples circunstancias que van desde las lagunas y faltas de trascripción, a los sucesos políticos que afectan el transcurrir cotidiano. En los Libros de Bautizados, por ejemplo y en muchos casos, la madre aparece sin apellido, con el nombre seguido del topónimo de donde procede o con el nombre seguido de su vinculo matrimonial[12], que si en algunos casos es suficiente para la identificación, en otros la complica de forma notable, especialmente si el padre es identificado por nombre de pila + topónimo. Esta situación parece venir dada tanto por la falta de costumbre del párroco en la tarea, como por el hábito de usar la referencia del lugar de donde procede una persona más que el apellido. Las referencias de los Visitadores a que todo se asiente en la debida forma y claridad, son numerosas en los primeros años. También eran frecuentes los asientos posteriores a “bautismos de socorro” no tanto por el peligro inminente de muerte como por la imposibilidad de trasladarse en ciertas épocas del año a la Parroquia. Directamente relacionados con sucesos políticos, se encuentra tras la Guerra de la Independencia una referencia del párroco en el sentido de que afectados algunos libros y perdidos datos, se convoca a los vecinos para poder reconstruirlos como asimismo para anotar los vacíos que se hubieran producido por la circunstancia de los tiempos; también tras la Guerra Civil se producen numerosos asentamientos que no habían podido ser realizados hasta entonces. Es claro que en algunos libros faltan hojas por haberse desprendido y perdido o se producen anotaciones mezcladas de Bautismos, Casados y Difuntos; incluso se dan casos de asentamientos de Difuntos en Libros de Fábrica pues como se indica se iban asentando en él por razón de la sepultura (por razón del lugar donde debían ser enterrados) y no poder los Mayordomos dejar de anotarlas. El conjunto, casi homogéneo sin embargo, ofrece altas dosis de fiabilidad, a lo que contribuye sin lugar a dudas el detallismo con que se ofrecen en un 80% de los casos, los datos.

Los Libros de Fábrica ofrecen un segmento temporal menos amplio y más compacto por su estructura de libros de cuentas; detallistas y cuidadosamente controlados, ofrecen una visión económica del Valle que completa la sociológica de los Libros de Asentamientos.

El Archivo se encuentra en una sala que es utilizada por el párroco como despacho. Inscrita en una construcción de piedra, es fría tanto en invierno como en verano, pero no húmeda, garantizando una temperatura homogénea y seca que favorece el estado de los Libros; estos se hallan bien encuadernados (a instancias del párroco) y guardados en un armario que los protege del polvo y de otros agentes externos; la sala cuenta con un sistema de calefacción individual por aire caliente que no resulta agresivo para los documentos. El acceso a los investigadores tiene que coincidir con los días de despacho (tres días a la semana) pero D. Manuel, constatado el rigor y seriedad profesional del que solicita la consulta, otorga el mayor número de facilidades para la misma.

El trabajo en el Archivo y principales datos obtenidos.

Dadas la dimensiones del Archivo, siempre consideré factible un análisis detallado del mismo, libro por libro. El principal problema radica en el tiempo disponible que debe ser compartido con otras tareas y que a menudo supone alejamientos físicos de varios meses. He optado pues por una investigación intensiva con días y horas prefijadas, con la toma del mayor número de datos para un análisis posterior; aún así todavía estoy lejos de completar el vaciado documental, pero los datos obtenidos son para mí sumamente valiosos.

En los libros de Asentamientos comencé trabajando desde el presente hacia el pasado, estableciendo de padre a padre una línea generacional que se remonta hasta el año 1689, en que mi abuelo en 10ª generación, Sevastian Zapico, de Carcarosa, contrae matrimonio con Ysabel Suarez, de Urbiés; la falta de las primeras hojas del primer Libro de Bautismos, arroja dudas sobre su nacimiento en el Valle o fuera del mismo (quizás en Langreo donde radica con fuerza el apellido) pero establece una línea familiar que a través de más de 300 años, vincula en Turón por lazos de sangre a un grupo de campesinos, ascendientes y descendientes, consanguíneos y colaterales[13], que con mayor o menor fortuna desde el cordal de valles y sus núcleos de ladera (Carcarosa, Rigaceo, Urbiés, Villandio, Pandel, Emberniego…) se extenderán por el territorio. Del todavía somero análisis, he podido extraer ya algunos datos de interés; así y por ejemplo, el alto grado de consanguinidad en el grupo, que explica la alta mortalidad infantil, la presencia de enfermedades recurrentes y la presencia del grupo sanguíneo 0 negativo (este dato, fruto de consultas con descendientes) propio de comunidades cerradas; también he podido comprobar otros datos genéticos como la presencia de gemelos, la escasa esperanza de vida o la mayor presencia de hijas. En todo caso, alguna de estas razones, podría explicar la pervivencia del apellido en determinadas zonas y la relativa rareza del mismo frente a otros. Asimismo, son de gran interés las relaciones económicas que se establecen creando lazos de solidaridad y actuaciones tendentes a la no disgregación de las propiedades del grupo; como también resulta digno de analizarse la posición destacada que algunos miembros ocupan dentro de la comunidad tanto vecinal como religiosa[14]. Estoy convencida de que el avance en la investigación me reportará muchas sorpresas y espero llegar si ello fuera posible y aún a través de otras fuentes, a sus más remotos orígenes.

Los Libros de Asentamientos por otra parte, al trabajar partida por partida, me han aportado datos a nivel general del Valle que suponen referencias, noticias y curiosidades muy variadas, además por supuesto de los índices poblacionales del mismo en un periodo dilatado de tiempo. Así y por ejemplo, la costumbre de asentar hasta bien avanzado el siglo XVIII, en el Libro de Difuntos a los fetos, bajo la formula…enterré un feto fruto del matrimonio de…; o en las partidas de defunción de los padres, citar a los hijos que dejan, primero a los varones (aunque la primogénita sea mujer) de mayor a menor y luego a las mujeres en la misma escala; o las numerosas referencias a niños abandonados en ermitas, casas particulares o lugares de acogida cuando menos peculiares[15]; o las causas de muerte: fiebre, pleuresía, eripisela, costazu (un ataque cardiaco) enfermedades infecciosas[16], muertes post-parto tanto de madres como de hijos, accidentes, muertes repentinas…; o los rápidos matrimonios de viudos y viudas que implican la necesidad de cubrir el hueco en las tareas del hogar, la atención de los niños y el trabajo en la casería; o los matrimonios desiguales que hablan de intereses económicos[17]… La lista es extensa. También a partir de fines del siglo XIX, se puede seguir por los Libros de Bautizados, la presencia de sangre nueva en el Valle, procedente de los grupos extranjeros y de otros lugares del país (especialmente vascos) que la industrialización trae consigo[18].

Esta visión de la colectividad se complementa con la que nos ofrecen los Libros de Fábrica. En este caso he seguido el segmento temporal presente-pasado, extrayendo lo más significativo, curioso o que complementase los Libros de Asentamientos. Ya se ha visto en líneas anteriores, algunos datos extraídos de los mismos; en general puede decirse que un análisis detallado de los mismos aporta un estudio sociológico de indudable interés. Desde los Libros de Fábrica se puede seguir por ejemplo, los productos con que los vecinos contribuyen a las donaciones para la Fábrica (cera, manteca, celemines de trigo y de escanda, vino…) o las Cofradías de la Parroquia con sus bienes muebles (especialmente ganado vacuno) y el detallado control del mismo y como evoluciona todo el sistema y entra en crisis[19], adaptándose a los nuevos tiempos, a las nuevas ideas, a otra forma de entender la economía y la sociedad. Nada que ver con las recomendaciones que en 1679, realizaba el Visitador[20], o las preocupaciones que despertaba Manuela Fernández, viuda de Juan Rodríguez, el primer Mayordomo de la Cofradía del Carmen y sustituta de su marido como Mayordoma entre 1792 y 1798[21].

Conclusiones.

Se puede deducir de todo lo anterior, que los Archivos Parroquiales como fuente de investigación, son siempre de un altísimo valor, máxime si se encuentran en un estado razonable de conservación y con una información correlativa casi al 100%, lo que permite un análisis completo y continuo de sus datos.

La fiabilidad de la reconstrucción histórica a través de los mismos es además óptima, a pesar de algunos errores de trascripción, de olvido o pérdida, pues ofrece datos de primera mano, a veces dotados de singular frescura[22], en el momento en que se producen, revisados periódicamente y controlados en busca de la claridad y la veracidad.

El Archivo Parroquial de S. Martín de Turón, reúne todas estas características. Para un Valle que actualmente pasa por un momento de crisis y que lucha por recuperar sus valores y sus raíces, supone un tesoro a mantener y a conservar en las mejores condiciones posibles. Para los investigadores en general una valiosísima fuente de consulta y trabajo. Para mí, personalmente involucrada, la maravilla de poder hablar de mis mayores con nombres y apellidos.

Fuentes y bibliografía

 

Fuentes Manuscritas:

Archivo Parroquial de S. Martín de Turón: libros de Asentamientos

Archivo Parroquial de S. Martín de Turón: libros de Fábrica

 

Fuentes Impresas y Bibliografía:

ALVAREZ, Benjamín (Benxa). Una comarca a punta de lápiz. Laminarium de Mieres y Lena. Gijón, GH Editores, 1983.

BOUZA BREY, Fermín. “Introducción al cultivo del maíz en Asturias en el siglo XVIII”. En: BIDEA, 16. Oviedo, IDEA, 1952.

FERNANDEZ CONDE, Francisco Javier. Don Gutierre de Toledo, obispo de Oviedo (1377-1389) Reforma eclesiástica en la Asturias bajo medieval. Oviedo, Facultad de Historia (Departamento de Historia Medieval), 1978

FERNANDEZ CONDE, Francisco Javier. El libro de los Testamentos de la Catedral de Oviedo. Roma, Iglesia Nacional Española, 1973

LOPEZ GONZALEZ, Manuel Jesús. Informaciones del Turón antiguo. Oviedo, Del Autor, 1991.

MADOZ, Pascual. Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (Asturias). Valladolid, Ámbito (facsímil),1985.

VV.AA. Mieres 1. Cuadernos de Toponimia, nº24. Uvieu, Academia de la Llingua, 1992.

[1]Los Quirós fueron un grupo familiar más entre los propietarios del Valle, pero no conviene olvidar a los monasterios de S. Isidro y Arbás de León, a las Catedrales de León y Oviedo, a los monasterios de S. Vicente, S. Pelayo y Sta. Clara de Oviedo, la Compañía de Jesús, la Casa de Valdés, la Casa de Heredia, el marqués de Ferrera y una pléyade de nobleza segundona o de hidalgos primero y burgueses enriquecidos después.

[2]Llama la atención lo pronto que fueron aceptados los productos americanos en el Valle, posiblemente por la necesidad de obtener en un territorio escaso pero fértil, abundantes producciones. Manuel Jesús López González (o.c.) habla de una primera referencia sobre el maíz en 1677 y Fermín Bouza Brey (o.c.) conjetura que la primera cosecha tuvo lugar en Asturias en 1605. Si tenemos en cuenta que Iturriza y Zabala en su obra Historia General de Vizcaya, habla de que el maíz fue importado de América al País Vasco hacia 1550, cabe admirar la vitalidad y la capacidad de adaptación a las novedades de un Valle en apariencia aislado.

[3]Benjamín Álvarez (o.c.) reproduce el pajar de José Zapico en Les Matielles, donde las colmenas van colocadas encima de una tabla situada sobre la puerta.

[4]C. Álvarez Quintana, “Casa y carbón. La vivienda minera en la Comarca del Caudal, 1880-1936” Liño, 6. 1986

[5]La hijuela de Sta. Mª de Urbiés, se segregó el 2 de Abril de 1888 para erigirse como parroquia independiente con 280 vecinos y 1110 almas. Se la clasifica como urbana de ascenso, con Párroco y Coadjutor, dotándola con 1.375 ptas. para el Párroco, 550 para el Coadjutor y 250 para el culto.

[6]Esta fábrica, en sus elementos básicos, se mantuvo hasta 1940 en que se derribó para sustituirla por el templo actual.

[7]En 1804, la crisis agraria se agravó con una epidemia de fiebres; han de formarse Juntas de Socorro y acudir la Catedral a las parroquias que lo solicitaban, con alimentos. La situación alcanzó cotas catastróficas.

[8]Uno de ellos era Manuel Zapico de Carcarosa; tenía entonces 44 años y fruto del matrimonio con Nicolasa González, 7 hijos entre los 20 y los 5 años. Era mi abuelo en 7ª generación.

[9]No se concedió permiso para exhumar los cadáveres del viejo cementerio, pues debía transcurrir un tiempo desde el último enterramiento. Se procedió a rellenarlo con una capa de tierra. Es claro que no se sacaron después los huesos o al menos no todos; en los años 60 de nuestro siglo, cuando se construyen las viviendas que popularmente se conocen comolas Colominas, los obreros que preparaban los cimientos, se encontraron con numerosos restos. Bajo la propia iglesia deben conservarse también restos procedentes de la costumbre de enterrar en torno del altar mayor, en las capillas y en la zona de la Epístola. En este sentido el 29 de Julio de 1858, el Obispo de Oviedo, había enviado una carta al párroco de Turón, por la que autorizaba el traslado del altar mayor con su tabernáculo al centro del templo, cuidando que sea con la mayor decencia posible para que no se socaven las sepulturas existentes en la zona.

[10]En 1934, en plena Revolución de Octubre, D. Tomás García, Coadjutor de la Parroquia, ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos, trasladó los libros del Archivo a casa de su familia que vivía en las cercanías de la iglesia y allí permanecieron hasta que se calmaron las cosas. La prudencia del sacerdote salvó para la posteridad buena parte de la historia del Valle, entre la que se encuentran mis propios orígenes.

[11]El Libro 6º de Casados (1857-1881) se halla en el Archivo Diocesano de Oviedo.

[12]María de Carcarosa; Ysabel, mujer de Sebastian Zapico de Carcarosa.

[13]Hasta el momento he conseguido establecer 12 líneas distintas de la mía, sobre las que trabajo actualmente.

[14]Regidores, mayordomos de cofradías, tasadores…

[15]El 21-8-1855, se halla en la talambera del hórreo del cura, un niño con un papel de estar bautizado; por las dudas se repite el bautismo y se le impone el nombre de Martín Iglesia.

[16]En la última semana de Julio y la primera de Agosto de 1850, se anota la muerte de tres hermanos de 25, 20 y 18 años por viruela. Además del dolor familiar, la muerte de tres varones solteros en una casería, podía tener caracteres de catástrofe.

[17]Así, un matrimonio celebrado en 1866, donde ella cuenta 50 años y él 32.

[18]Por ejemplo el 22-3-1897, el bautismo de Víctor José‚ hijo de Ramón Mendieta Zaldivar de Aligorta en Vizcaya y de Andrea Odriozola Muguruza de Azpeitia en Guipúzcoa; o el de Silvia Mª del Pilar el 6-5 del mismo año, hija de Alejo Mugica Yriguyi de Elorrio en Vizcaya y de Nazaria Mendieta de Gandivar, de Guecho en Vizcaya.

También el 28-5-1896, se bautiza a Mª del Rosario Celestina Carlota, hija de D. Alfonso Dory Devillers natural de Hergeuralh en Prusia, Obispado de Colonia y de Dña. Mª de la Paz Canella Secades, natural de S. Sebastián. La madre, si no existe una casual coincidencia de apellidos y otro parentesco, es hermana de D. Fermín Canella Secades, Rector de la Universidad de Oviedo

[19]En una petición del párroco D. Joaquín López al Obispo de Oviedo señala que contigua a la casa rectoral de esta parroquia, existe una buena panera de cuatro pies titulada de la fabrica parroquial; y en los tiempos que se pagaba el diezmo sus dignos antecesores se aprovechaban de ella, pagando anualmente unos treinta reales, cuya cantidad se invertía en el alumbrado del Santísimo Sacramento; actualmente y desde la supresión del diezmo nada produce, y al tener su Iglesia parroquial en inminente ruina, solicita sacar dicha panera en venta, agregando su importe a los demás fondos de fábrica.

[20]…que se multe a los que llegaran tarde a la misa en días festivos, a los que trabajen sin licencia del párroco en festivos, a los que no callaran mientras se decía la misa y a los que debiendo ser evitados de los oficios y estando en la Iglesia no salieran.. o …que se obligue a las personas principales de cada casa, a que asistan a la misa mayor los días de fiesta y clérigos, turnándose para vigilar la casa y que nadie se quede sin misa.

[21]En la Visita de 1796 se dice …que el cura nombre nuevo Mayordomo para la Cofradía del Carmen que se halla en cabeza de Manuela Fernandez, por no ser propio y regular que semejante Administración, corra de cargo y cuenta de mujeres… En todo caso, ni cofrades ni cura debían de estar descontentos porque continuaría en el cargo dos años más.

[22]Me refería D. Manuel, el párroco, que efectuando una consulta lejana en el tiempo, se encontró con una partida de bautismo en que la madre aparece como moza soltera y el padre como un buhonero que pasó por el lugar. D. Manuel con muchísimo gracejo decía que se imaginaba al cura, levantando un instante la cabeza, reflexionando y abriendo el siguiente paréntesis que claro está figuraba en la partida: y se quedó más tiempo del debido. Aún no he dado con ella, pero merece ser fotocopiada y enmarcada.